Al pie del parque natural del cabo de Creus se despierta cada mañana un pueblo con una de las mejores aguas minerales naturales con gas natural del mundo.

Vilajuïga, un pueblo atípico (o aparentemente normal), de naturaleza distinguida, de efervescencia discreta, de espontaneidad acreditada. Un pueblo como su agua. Donde lo cotidiano se convierte en extraordinario y la singularidad, en normalidad. Un pueblo muy pueblo, orgulloso de su agua centenaria tan ampurdanesa como la tramontana. Hijo de la tierra, del viento y de la geología torturada del país. Un pueblo que se ha acostumbrado a su agua y que, generación tras generación, custodia orgulloso desde 1904 uno de los bienes más valorados y únicos del Empordà.